viernes, 28 de febrero de 2014

A una corrida de toros

Son las cinco de la tarde
es una hora tan taurina en que apenas duerme nadie
aunque hace un sol que te achicharra
con treinta grados a la sombra
no es día para echarse siesta.

Ya llegan a la plaza en sus furgonetas
los toreros y sus cuadrillas,
las mulas suenan con sus campanillas
monosabios, en sus caballos los alguacilillos
comienzan a pedir la plaza, dando el paseíllo.

Los toreros, completan toda la terna
lucen sus capotes sobre la arena
las guapas manolas desde la barrera
luciendo mantones de manila y peinetas.
va a dar comienzo esta brava fiesta.

Ya suenan los clarines, comienza el festejo
el miedo va por los adentros,
la lucha entre el morlaco y el maestro
pases por arriba, pases por abajo
bellos y sabios capotazos.

De los picadores certeros puyazos,
pares de banderillas encienden más a éste toro bravo
embistiendo con nobleza y bravura
cantidad y variados muletazos.

Y para rematar la faena
en el morrillo, en lo más alto
esa espada certera le atraviesa de  un solo tajo
y en los ruedos queda tendido el morlaco.

El público con muchos pañuelos blancos en alto
desde el tendido piden las dos orejas y el rabo
el maestro dando la vuelta al ruedo
agradece con reverencia estos largos aplausos.

Salida por la puerta grande
a hombros hasta la calle
de esta monumental plaza de los Mártires de Cáceres
ha sido una corrida de toros enorme
de las que nunca olvidarse.

A esta corrida de toros
a ésta faena tan grande
estos versos quiero dedicarle
ahora que son las ocho de la tarde
como un cálido tributo y homenaje.





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